26 de diciembre de 2014

Gotas de lluvia

Ellas llegan sin permiso e inundan los rincones abandonados llenándolos de esa magia que trae la lluvia consigo, limpiando el polvo de lo antiguo y olvidado con nuevas energías y creando postales para el recuerdo. 

27 de noviembre de 2014

Hoy saliendo de ese salón como alumna por última vez deje atrás quince años entre las paredes de un colegio que se convirtió en mi casa. 

Un colegio que me vio llegar de la mano de mis papás con a penas dos años y medio y una mezcla de miedo y ansiedad. 

Un colegio que me vio crecer poco a poco, aprendiendo cada día algo nuevo junto con los compañeros de siempre, los que se fueron sumando y los que se fueron antes. 

Jardín de tres, cuatro y preescolar... jugando, con llantos, caprichos, riendo y muchos descubrimientos.

Primaria. Al principio rodeada de gigantes, todos altos, leían y escribían rápido y en carpetas, mas de una seño por año y compañeros nuevos. 

Terminando sentía que ya había crecido y era grande hasta el primer día de la secundaria cuando volví a ser de los que tenían que esperar a que termine el recreo para comprar en el bar porque había una barrera de personas que median el doble que yo. Ni hablar de el encuentro con los profes que te hacían saber que no eras grande y no sabias nada.

Hoy diciéndole chau a esa secundaria que tanto me asustaba me siento mas chica que nunca. Desnuda. Con un montón de herramientas que no se usar y cosas que arreglar. Pero esta vez no es como las anteriores cuando por mas miedo que me de lo que empezara siempre todo dejaba de importar cuando miraba al rededor y estaban ellos, los de siempre, mis compañeros. 

Ahora soy yo la que elijo mi camino, decido quien y que quiero ser y me toca luchar por conseguirlo.

Hoy me doy cuenta que de ese colegio me llevo cada risa, pelea, llanto y abrazo, cada reto y enseñanza pero por sobre todo me llevo personas increíbles.

30 de septiembre de 2014

¿Por qué será que tengo esa necesidad constante de vivir en búsqueda de la perfección en cada cosa que hago? Se que es la búsqueda de la nada misma, que es perseguir una meta inexistente y que jugar con el límite entre el progreso gracias al intento de llegar y la locura que acompaña la frustración de sentir el esfuerzo y que la meta solo sea como un oasis en el desierto. 

Tengo miedo de mi. Hoy se hasta donde. Soy capaz de razonar y controlar la idea de perseguir esa utópica perfección y me impulsa a tratar de dar lo mejor de mi en todo lo que empiezo. Tengo miedo de que se me convierta en vicio, de abusar de pensar que todo lo puedo controlar y perder el control. 

No quiero terminar siendo una obsesiva. Tampoco quiero relajarme y bajar mi rendimiento. 

Camino por una linea delgada y por el momento no me caigo, pero ¿cuánto me va a durar el equilibrio? 

17 de septiembre de 2014

Siempre llamó la atención esa frase que recomienda mirar el vaso medio lleno, la idea de tener un vaso y una situación que pasaba de positiva a negativa dependiendo solo de como se la exprese, de la perspectiva y el punto de vista que se use para analizarla. El vaso está medio lleno, el vaso está medio vacío, solo es la descripción del mismo vaso... en realidad nada cambia, el vaso tiene la misma cantidad de agua con cualquiera de las dos oraciones que se usen para describir su estado, sin embargo una denota optimismo y la otra lo contrario. 

La vida se ve repleta de situaciones que son, son lo que son con sus aspectos positivos y negativos, a veces mayoría de unos, otras veces de los otros pero siempre van a estar estos dos lados. En estas situaciones depende completamente de uno decidir que tomar, que perspectiva utilizar al verlas, pero lo más sano es siempre tener en cuenta las dos y entender que una no quita la otra, que por más negativo que sea lo que pase siempre va a tener esa pequeña cuota de positividad, aunque parezca escondida, aunque solo sea la enseñanza que nos queda después de vivirla, siempre algo bueno podemos encontrar. 

En el último tiempo se vive de todo, especialmente inseguridad, miedo, actos atroces, casos horribles de matanzas y robos, violencia, sobre todo mucha violencia. 
Hay casos que tocan de cerca, por suerte hasta ahora nada demasiado grave, pero estos casos me hicieron pensar mucho en la gente que me rodea y sus reacciones fueron las que me hacen creer, creer que se puede el cambio mas allá de la dificultad que representa, que no todo esta perdido. Por sobre todas las cosas me hizo feliz darme cuenta la calidad de personas que tengo a mi alrededor, encontrar en ellos unión, solidaridad y compañerismo, me hizo valorar el simple hecho de que estén en mi vida. Y en ese momento, en el que vivía la bronca de todos y en mi interior encontraba alegría y paz pensaba en estas cosas locas de la vida, en las relatividades y los puntos de vista. Mi alegría no quita la angustia ni el poder ver la realidad, las ganas de que las cosas cambien y el estar dispuesta a intentar cambiarlas, solo hace que las ganas estén siempre presentes, que la esperanza en que se puede no se vaya y que el camino sea un poquito más fácil porque siempre que se pelea de a muchos aumentan las posibilidades y nosotros contamos el uno con el otro para pelear juntos. 

15 de agosto de 2014

Sin muchas expectativas esperaba ansiosa contagiada por la ansiedad de todos y las ganas de que llegue la fecha de irnos a Bariloche. 

Sin poder creer en el momento de mi vida en el que me encontraba me subía a ese colectivo lleno de personas, todos en la misma situación y con las mismas ganas de hacer que ese viaje sea inolvidable. Dos locos que agarraron nuestros ideales sobre lo que iba a pasar y se los cargaron al hombro para cumplirnos en todo. Y dos padres que nos adoptaron como hijos desde el minuto numero uno. 

La falta de expectativas se debía a mi patética y cagona forma de ser, esa necesidad de crear escudos y preferir inconscientemente que las cosas me sorprendan pero que no decepcionen. 

Desde el primer momento en ese colectivo fue imposible no empaparse de alegría, ganas, y por sobre todo buena onda. Quería de conocer a todos, aprovechar el tiempo y no perderme de nada.

Encontré en el colegio que viajaba con nosotros lindas personas con las que compartimos días llenos de momentos increíbles, en la mamá y el papá que nos acompañaron la contención y los abrazos, los consejos y mucho cuidado, en los coordinadores el enchufe de energía cada mañana cuando nos costaba levantarnos y nos tiraban abajo la puerta y cada noche cuando el cansancio y el sueño se hacían presentes y ellos seguían bailando, cantando y saltando habiendo sido los últimos en acostarse y primeros en levantarse, por último en mis compañeros encontré al grupo que hasta el momento no éramos.
Bariloche fue un encuentro y nos hizo un grupo que termina junto un etapa importantísima para cada uno de nosotros. 

Bariloche fue el recreo más largo de nuestra vida. 

16 de julio de 2014

Teñimos las épocas, los meses y los días del color de lo vivido.

Mi época Julio-Agosto esta hace 4 años teñida de agonía, no tristeza sino recuerdo melancólico, tu cara (abuelo) en mis pensamientos más de lo normal. 

Desde la felicidad e incredulidad de tu mirada ese día de julio en tu cumpleaños, en esa fiesta sorpresa, al entrar y vernos a todos. La paz que antecede a la tormenta. Ese otro día de julio en el que una llamada tarde en la noche ya no sorprendía pero si dolía. El transcurso hasta el 3 de agosto y el fin de la agonía tuya, nuestra, de todos los que te queríamos bien. Y de los que intentando a duras penas dejar de lado el egoísmo ya rezábamos para que en paz descanses si es que imposible era que en paz vivas.  

Hoy el camino de la espera no conduce a un final triste y que loco es contar los días y teñirlos de fiesta, pintando por sobre lo ya pintado. 

La cuenta regresiva me lleva a un 3 de agosto diferente, a un colectivo rumbo a Bariloche, a un viaje de egresados esperado por años y años, a vos conmigo pero nunca más lejos en el día en que te fuiste va hacer ya cuatro años atrás. 

Un Julio-Agosto diferente, nuevamente teñido de espera. Pero que diferencia! Colores distintos llevan a un mismo día, dos recuerdos que van a convivir dejando una mezcla agridulce.  

25 de junio de 2014

Nos tapan los ojos, mi mundo desaparece y todo sentimiento de autosuficiencia y seguridad se va con el, paso a otra dimensión donde no vale distraerse. Empieza el juego. 
La actividad se trata de seguir las instrucciones de la profesora sin poder ver... Nos indican cual era nuestra posición inicial y de ahí en adelante tuvimos que hacer una ronda, girar para un lado y para otro, saltar en el lugar y de vez en cuando responder para que pared del gimnasio en el que nos encontrábamos creíamos que estábamos mirando. Después de la primer vuelta la respuesta me pareció fácil y salió con rapidez, a la segunda vuelta también conteste rápidamente pero resulta que mi pobre sentido de orientación me había jugado una mala pasada, convenida de estar mirando para un lugar miraba al opuesto, ya todo era mucho más raro. 
La sensación de estar completamente perdida, las ganas de ver, el sentimiento de ansiedad e inquietud estaban ahí y sin embargo hasta el momento siempre estuve tomada de las manos con un compañero de cada lado. Cuando nos hicieron soltarnos y se me alejaron apareció un completo vacío. 
Terminamos teniendo que correr a un ruido de palmas y una voz guía... sí correr... por suerte quedé para el final y lo hice de la mano con una compañera, aun así no fue nada fácil confiar lo suficiente para tomar velocidad.
Cuando volvimos a nuestro mundo nos sentamos a charlar de lo que nos había pasado durante el ejercicio y entre variadas conclusiones la frase final fue... es como la vida.
Nos sentimos auto suficientes, muchas veces súperpoderosos y nos dimos cuenta lo vulnerables que somos al perder tan solo uno de los sentidos. También, de la misma forma en que daba tranquilidad estar junto a otras personas necesitamos esa seguridad de estar de la mano con otros, la compañía de quienes más queremos y nos quieren para transitar cualquier camino.

1 de junio de 2014

Jugando con los más chiquitos de las familias, volviendo a tener 2 años, corriéndolos, subiendo y bajando una y otra vez al tobogán, averiguando el porqué de sus enojos repentinos y volviendo a ser amigos a los pocos segundos, manejándonos con palabras claves y dedos que señalan, exclamaciones y sonrisas. Viendo divertida como su mayor problema es tratar de trepar el tobogán por el lado de la rampa en vez de la escalera y evitar a sus madres que a toda costa buscan meterles pedazos de comida en la boca.
Observando la simpleza e inocencia y aprendiendo de ellos, absorbiendo la alegría que les causan las cosas más pequeñas. Disfrutando de esos abrazos repentinos y desesperados que buscan seguridad y protección cuando se acerca alguien desconocido o algún perro que quiere "atacarlos" para jugar. Riendo con ellos en cada nuevo gesto que logran.
Momentos que llenan el alma de ternura, inocencia, alegría y paz. Disfrutar desconectandome un rato de todo.
Y por esto a la pregunta ¿Te gustan los chicos? la respuesta sale sola y sin pensarla, y al gracias de las madres por "cuidarlos" tengo que devolver un gracias por compartirme la magia de sus hijos. 

11 de mayo de 2014

Pequeños gestos que significan mucho. 
Con noventa y ocho años y gran lucidez ella entra a su antigua habitación a dar alientos y fuerza a una mujer recostada en una cama que sin moverse pero con una mirada comunica su estado. Le acaricia la cabeza y la besa, le dice que tiene que ser fuerte y salir adelante pero se nota es sus movimientos que no tiene mucha fe en que lo logre, repite las caricias sin querer irse y con el dolor de lo que podría ser una despedida, mira la habitación con cierta intriga y nostalgia, no sabe por qué la trasladaron y no le gusta la idea de abandonar a su compañera estando mal. 
Yo estaba parada junto al marco de la puerta mirando con atención y sintiendo que se inundaba el ambiente con un clima de gran privacidad y entendimiento más allá de la ausencia de respuesta. 
Fue un pequeño gesto sentido y sincero, cargado de cariño, empatía y un intento desesperado de esperanza. 
Esto fue lo que me conmovió, la sinceridad y transparencia, los  sentimientos a flor de piel, la vida misma en un solo acto, en un momento donde encontrar gestos reales es cada vez más difícil entre imágenes creadas para poder complacer a la sociedad y actos por pura conveniencia. 

26 de abril de 2014

En ellos me encuentro conmigo. En sus ojos veo pequeños pedazos de mi alma. Sus abrazos me completan. Sus vidas me enseñan a crecer. Mi familia.