21 de febrero de 2016


03/1916 - 03/2015

Ella es como esos libros que llegan profundo y dejan ganas de hacer que otros los lean, esos libros que se agarran siendo alguien y te cambian en el proceso, que llegan más allá de donde va cualquier historia pero son tan personales y únicas las experiencias que no podes compartirlas con casi nadie.

Ella era un viaje a otro mundo, un manojo de enseñanzas.

Ella se fue, dejando atrás una hermosa historia para quienes la leyeron, pero, como en cada libro de esos, dejó la nostalgia de haberse terminado y el vacío que genera no encontrarlo en la mesita de luz para en algún momento del día echar un vistazo a las hojas con entusiasmo.  

Hoy, ella es lo que dió y esa sonrisa que sale sin pedir permiso cuando la recuerdo. 

27 de enero de 2016


Convivencias en determinadas circunstancias con quienes no suelo convivir me abren un mundo de posibilidades, combinaciones infinitas entre personas, ver eso que normalmente se limita al entorno en el que paso todos mis días.

Vacaciones, eso ayuda, pero hay esencias que perduran.

Me encontré sintiéndome encantada al presenciar miradas profundas que transmitían dulzura, un amor que podría haberme parecido de lo mas normal a no ser por lo extraordinario que fue al notarlo entre personas que conviven, familiares de primer grado. Pequeños gestos que hubiera pasado por alto, una caricia, una sonrisa, un algo que se sentía en el ambiente cuando se conectaban entre si.

Algo completamente mágico.

Y descubrir que existe ese algo tan puro entre personas es un aire de esperanzas al mismo tiempo que se convierte en condena diaria porque hay que volver a casa... Y más allá de que con este me llevo bien y con aquella peleo, más allá del roce entendible, en casa nunca ví esas miradas, en casa nunca sentí la armonía que producen seres que se conectan.

10 de enero de 2016

Esos artistas callejeros que interceptan con valentía momentos ajenos me generan un cierto grado de admiración. 

Mientras algunos ignoran, otros se quejan del ruido y el resto, sin dudas los mejores, se enganchan con sus canciones y los acompañan, yo los miro atenta pensando. 
Pensando en sus vidas, particularmente los últimos, por ejemplo, eran venezolanos. Pensando en que hizo que lleguen a donde estan y sean quienes son, si la recaudación de esa gorra será el dinero con el que cuentan para vivir y cubrir todos sus gastos. Pero sobre todo pienso que no es un trabajo cómodo, tampoco valorado, pero que lindo es encontrar personas que en estos días resignen comodidad y grandes reconocimientos por hacer lo que aman hacer, eso que les genera disfrute más alla de los resultados. 
En estos días en los que cuando decidimos que hacer siempre nos cruzamos con esas carreras a las que nuestro inconciente y las palabras de quienes nos rodean responden "te vas a cagar de hambre".

Desde chica me da ganas de gritarles a todos los osan usar esa frase, incluyendo, a veces, las ganas de gritarme a mi misma por el solo hecho de pensarlo. 


Pero que se yo, después aparecen ellos, y la sonrisa que encontré en sus caras mientras "trabajaban" no se si la encontraré en algún súper ejecutivo, con una súper cuenta en el banco, cumpliendo con sus tareas.

4 de diciembre de 2015



Llega diciembre y me encuentro invadida por la nostalgia del año que se va y al que le quedan poco menos de 30 días, empiezo con los balances y planteos, los recuerdos de pequeñas situaciones y las sensaciones, con toda sus fuerzas, que me generan al recordar.
Vienen a mi mente los miedos del diciembre pasado y ante los que hoy sonrío con cierta vergüenza.
Se me llena la memoria de nombres, miradas, pequeños comentarios al pasar y largas charlas.
Siento, cada diciembre, que se hace formal el hecho de que lo vivido, vivido está, el tiempo no vuelve atrás y solo resta vivir el hoy y esperar lo que vendrá.
A eso, creo yo, se debe mi nostalgia, al saber que lo único que me queda del año que se termina son las enseñanzas, los recuerdos y esos destellos de sentir al recordar.

22 de noviembre de 2015

 
Tiempo. Espacio. Existencia. Ahora. Después. Esperar. Instante. Momentos. Rescuerdos. Sentir. Olvido. Sentido. Pensar. Ideas. Ideales. Vivir.

Palabras, tan cargadas de contenido que a veces las siento vacías, otras veces rebalsan.
Como cuando de tanto pensar o repetir algo pierde lógica o asfixia.

Conceptos que nos generan interrogantes desde que el hombre existe como tal, explicados con pobres intentos desde las ciencia algunas veces, desde la filosofía otras, las religiones también. Pero al final sin certezas. 

Y que loco no?

Nuestra vida es existencia a través del tiempo en un espacio, ahora y después. Esperamos por instantes y momentos, creamos recuerdos. Sentimos y pensamos, nos llenamos de ideas e ideales. Buscamos el sentido de vivir y tememos al olvido. Al final no tenemos certezas de nada de lo que se trara nuestra propia vida.  Nuestra única certeza es el aquí y ahora tal como está. Es este instante para toda la vida. 

Pocas cosas son tan audaces para atacar como el miedo,
el miedo gana convenciéndonos de que ya ganó,
y
si ya perdimos,
para qué luchar?

Nos crea falsos enemigos, esos a los que tememos, oculdando ser él el verdadero enemigo.
La consecuencia del miedo es el miedo en si, es como estar ya muerto, es el problema en si y se multiplica con cada segundo de duda, va ganando terreno en nuestro interior hasta apoderarse de todo.

19 de noviembre de 2015





Y me paso el día pensando y también asi se me pasa la vida y pienso si tanto pensar servirá de algo o solo es desgastante pero aún cuando quiero dejar de hacerlo solo me encuentro por horas pensando en dejar de pensar y descubro que así termino pensando más.



13 de junio de 2015

  
Estamos épocas de consumo masivo. Donde nos acostumbran a la idea de que siempre nos tiene que faltar algo para estar bien , nos venden hasta el aire que respiramos y cada vez es mas grande el vacio que el común de las personas siente cuando se da cuenta de que persiguen ideales imposibles, que no tienen posibilidades de acceder a todo lo que les hicieron creer que necesitaban.

El consumo y la infelicidad (en mi opinón) se ven fomentados por la hiper comunicación con la que convivimos, no solo gracias a las publicidades con mujeres y hombres de cuerpos perfectos y vidas mejores, si no también por el hecho de que vivimos para el resto, mostrando todo el tiempo lo que hacemos y tenemos y viendo lo que hacen y tienen los demás. La vida privada muy pocas veces permanece como tal y los estereotipos que se persiguen son tan inexistentes como las realidades que en general se muestran en las redes. 

Tratar de encajar es más difícil cuando todo está tan a la vista, y los que somos sale a la luz entre lo que tratamos de aparentar. 

Tenemos instalados en la cabeza esos estereotipos de vidas perfectas y felices. La fórmula es basicamente tener un cuerpo del tipo 90-60-90, casarte con un super empresario y tener hijos, en el caso de ser mujer, si sos hombre está la presión por los abdominales marcados, el estar cuidadito pero sin pasar la linea a metrosexual porque puede ser mal visto, tener un buen laburo con un buen sueldo y conseguirte la minita 90-60-90 + los hijos. 

Por suerte y gracias a los mismos medios que ayudaron a instalarlos, muy de a poco, se van derrumbando. 

Creo que la gente se cansó de no encajar en esos lugares donde nadie encaja y decidieron hacer algo al respecto. Y esta buenísimo! Pero todavía falta mucho camino que recorrer. 

¤

A veces me siento rara. Nunca fui fan número uno de encajar en la sociedad y por suerte las personas que me rodean siempre me aceptaron desencajada. Quizás por eso soy feliz. También siento que le debo algo al mundo por el hecho de serlo. Hasta me ha dado verguenza decirlo y cuando me animé en algunos casos generó incomprensión y me llegaron a contestar "vos te autoconvences de que todo esta bien y que sos feliz". 

Juro que me quedé pensando en esa frase como si pudiera llegar a ser cierta. A lo mejor era solo una barrera de defensa de mi mente creer que era feliz sin serlo solo para no sufrir, pero entré en un espiral del que no podia salir porque creyendo que era feliz pasaba a serlo, por negadora o autoconvencida pero feliz al fin. 

Después de pensarlo un tiempo llegué a la conclusión de que a lo mejor no es tan difícil ni tiene tanto trasfondo. Soy feliz. Me encanta disfrutar de las pequeñas cosas de mi día, un cielo nublado, un crepúsculo al atardecer, un cafe caliente, una buena lectura y una linda canción, de mi familia y mis amigos, de estudiar lo que estudio, de aprender, de algunos profesores y sus clases. 

La contratapa de la felicidad es el miedo a que se termine. Es una droga adictiva. Es demasiado frágil.

Hoy acepto convivir con el miedo. Acepto que no me comprendan. Acepto que sea un juego de mi mente o un hecho real. Hoy acepto y elijo ser feliz sin comprar modelos ni estereotipos estafadores. Acepto y elijo ser feliz a mi manera.

9 de mayo de 2015

Lo mismo. Una y otra vez. Siempre lo mismo.



Una de las veces en las que más me cuesta escribir, ordenarme, es cuando lo único que me invade es el enojo. Reflexiones apresuradas (las odio) y el cúmulo de muchas otras que vienen dándome vueltas y vueltas. Los mismo pensamientos recurrentes, los mismo reclamos e insatisfacciones porque a la larga son siempre las mismas situaciones.

Y que quede claro que no es rencor, cuando algo queda en el pasado realmente lo guardo ahí, atrás. No podría convivir con el rencor pero creo que no existe el olvido voluntario. Cuando lo que me hiere se repite muchas veces y siempre proviniendo del mismo lugar es cuando eso que quedó en el pasado vuelve para elevarse en potencia a las veces que va ocurriendo.

Me molesta sentirme una pendeja. Típica adolescente que tiene conflictos con su madre.

Y sé que aca hay más vueltas que la simple adolescencia, hay algo que viene mal hace tiempo, que tiene etapas de calma y con mucho esfurzo las hacemos durar pero a la larga siempre explota.

Como dije antes, escribir con y sobre enojos es difícil, no solo porque las reflexiones están colmadas de sentimiento y van más allá de la razón, también porque cuando la frialdad vuelve me siento una estúpida, vulnerable, frágil, derrotada.

Si hay algo que no tolero es mostrar debilidad y se que en esta expresión de daño dejo en claro hasta que punto me lastima lo que vivo, hasta que punto soy traspasable, débil.

Describir lo que pasó me haría peor porque ni describiendo cada segundo de mi vida ni con un doctorado en letras podría lograr el grado de identificación que necesito de quien lea para sentirme comprendida, porque no se puede empatizar hasta tal grado.

Es la mezcla de lo que recibí y lo que me dieron (tan parecido como distinto uno de otro) es la mezcla de lo que siento con lo que pienso, es una guerra con alguien más y con migo misma.

Si hay algo que aprendimos en este tiempo fue a pelear, a lastimarnos, sabemos en que golpe se esconde el deseado touché, el flechazo en el talón de Aquiles, y usamos cada arma que tenemos, como si no nos quisiéramos ni un poco, peor aún, como si nos odiáramos.

¿Y que tanto hay de verdad en eso de que del amor al odio hay un solo paso?

¿Hasta que punto este jueguito de espadas y escudos no denota claros signos de realidad, de lo que sentimos la una por la otra, de como la vida nos obliga a una cercanía que naturalmente no nos sale?

No se que duele más, si esas palabras alborotadas que salen a los gritos de esa boca dolida y enojada no solo conmigo pero si descargando hasta el último gramo de frustración en mi contra o saber que lo que escribo nos pasa a las dos, que no es un cuento de enojos y abrazos, no es un cuento y no hay abrazos.

Lamentablemente no se como llegamos a esto porque empezó en épocas que no recuerdo, a veces eso me saca peso de responsabilidad, me convenzo de que si no logro recordarlo a lo mejor no lo empecé, aunque se empeñe en hacerme creer que lo genero solo yo, siento, a veces, que no lo empecé. Y digo lamentablemente porque me encantaría saber los cómo y los porqué, me encantaría entendernos. 

Lo que si se es hasta que punto va a haber arrepentimiento, y espero, con toda mi ganas, que para cuando llegue, todo junto, no sea tarde para perdones y ese cuento de los abrazos, porque el único que no nos perdona en esta vida es el tiempo y nosotras aparte de jugar una contra la otra, jugamos contra el tiempo.

Pero la quiero. Tan intensamente como el enojo y la frustración que siento. Y por eso duele.